13 de febrero de 2017

Nuestros indios - Manuel Gonzalez Prada


El presente powerpoint es un resumen del ensayo "Nuestros Indios" de Manuel Gonzalez Prada.

La mirada pedagógica

El 06 de julio del 2016, encontré esta reflexión del Prof. Robertos Barrientos. En realidad aunque estudié 5 años la carrera de educación, recién este día aprendí que significa ser un profesor, quien nos hubiera dicho que nuestra mirada (y la confianza en los seres humanos) tiene ese poder...

* * * 

En el libro de "Los Miserables" de Víctor Hugo se relata la historia de Jean Valjean, un hombre al que un hecho simple, pero decisivo le cambió la vida, el que alguien crea en él.
Después de robar los candelabros de plata. El obispo le perdona y no presenta cargos frente a la policía. El diálogo que ocurre después es muy interesante, puesto que habla mucho de la esencia de la profesión docente.


“El obispo se aproximó a él y le dijo en voz baja:
- No olvides nunca que me has prometido emplear este dinero en hacerte un hombre honrado.
Jean Valjean, que no recordaba haber prometido nada, lo miró alelado. El obispo continuó con solemnidad:
- Jean Valjean, hermano mío, tú no perteneces al mal, sino al bien. Yo compro tu alma; yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición y la consagro a Dios.”



En ese momento empieza un cambio decisivo en la vida de Jean Valjean, llegando a ser un hombre ejemplar y generoso en su ciudad. Una persona apostó por él, una persona apostó por alguien a quien la sociedad despreciaba, que acababa de salir de la cárcel. Una persona lo miró de manera distinta. Una persona tuvo la Mirada, no cualquier mirada. La mirada del que cree en ti, del que ve lo invisible en ti, del que ve tu dignidad alta, tus talentos. Es capaz de mirar todo lo bueno que tienes dentro. 

Al final la pedagogía se trata de eso, de tener esa Mirada, con cada niño, joven o adulto que viene a aprender. La pedagogía se trata de tener esa Mirada con cada persona que se nos encomienda. 


Esa mirada cambia vidas. Por ello un saludo especial a aquellos que han desarrollado con esfuerzo y dedicación esa mirada: los maestros. un saludo a aquellos que miran la bondad en cada niño, y no sus problemas. A aquellos no dicen “tiene x problemas, por lo tanto no puede aprender” sino que dice “creo en ti, ¡vamos juntos!"

Sigan cambiando vidas con esa mirada, nunca la pierdan. Sigan creyendo que cada persona tiene mucho, mucho que dar: al mundo , a la sociedad y a sí misma.
Tengamos esa mirada que cambio la vida de Jean Valjean, la mirada que diga “Creo en ti, hermano, hermana, siempre creeré en ti, en tus capacidades”.
!Feliz día del maestro!

Fuente: https://www.facebook.com/rbarrientosm/posts/10210112225110052


4 de mayo de 2011

Más amor pedagógico



Saludos, a continuación presento una reseña, que me pareció interesante por el conjunto de temas que aborda y sobre todo por la distinta mirada pedagógica con que se abordan estos temas.


***


Melchor López Hernández comenta el libro “Más amor pedagógico”, una compilación realizada por Gerardo Meneses y que en realidad acompaña al disco de rock Gramática y Geografía de Gerry Meneses and The estupid band.

A manera de presentación.



El libro titulado Más amor pedagógico (Gerardo Meneses, 2010), tiene artículos compilados por el pedagogo Gerardo Meneses. Lo que une el grueso de los escritos es el debate de la institución escolar y sus formas de trabajo gandayas, la pedagogía y sus sistemas de acción autoritarias, la educación con cánones de poder.


En Más amor pedagógico se critica que la escuela, la pedagogía y la educación se han alejado del Ser, del espacio poético y de la música, de la alteridad. También se analiza el desprecio por el Otro; la marginación de lo lúdico en la enseñanza.
Y hay más temáticas.
Pero, en realidad el libro es un acompañante del disco de rock Gramática y Geografía de Gerry Meneses and The estupid band. Música y lírica para llevar al salón de clase y darle/demoler a la pedagogía/educación gandaya/anquilosada.
En este contexto está la idea de la pedagogía del amor o de alteridad, tema principal de la entrega que a continuación presentamos.
No hay que olvidar que hacer pedagogía es una acción política y de poder. Y el poder se apropia de ella y la somete, excepto que mutile la diferencia y el control. La pedagogía del amor es alteridad. La pedagogía del amor o de alteridad está contra el micropoder. En la pedagogía del poder no hay pactos, consensos, disensos, no hay miradas, alteridad; únicamente control, acatamiento, regla, disciplina.
El poder no vive con alteridad. La alteridad es estar con el Otro por des-interés. El poder y la alteridad se encuentran directamente. La alteridad no se materializa. En la institución no hay alteridad. Institucionalizar es control y el control es poder. La alteridad no es norma porque con ésta se identifica al objeto y al sujeto. La alteridad no necesita de esta identificación. Lo fáctico permite la biografía para contabilizar y atrapar lo cualitativo, las subjetividades.
Una de las principales venas de la alteridad es lo inherente al ser, lo inaprensible. En el que no existe el Otro. Lévinas dice que sí existe el Otro pero inmediatamente éste desaparece. Con la alteridad no hay posesión ni control, que son las máximas del poder. El poder planea para dominar. La alteridad no necesita de ello. No diseña. No le interesa porque allí está y en el momento se aleja. El poder de la alteridad es el no poder. La alteridad es o no es. No necesita de nada ni de nadie. Ni del discurso. La alteridad “no es pura y simplemente la existencia de otra libertad junto a la mía. Tengo cierto poder sobre ella y, sin embargo permanece radicalmente extraña, sin relación conmigo” (Emmanuel Lévinas. 1993: 137 ).
En el mundo de la alteridad el Otro “es el lugar de nuestro secreto —el otro es quien posee, sin saberlo, lo que jamás nos será dado saber—. No es, por consiguiente (como en el amor), el lugar de nuestra semejanza, ni el tipo ideal de lo que somos, ni el ideal oculto de lo que nos falta, sino el lugar de lo que se nos escapa, por el cual nos escapamos de nosotros mismos y de nuestra verdad”( Jean Baudrillard. 1997: p. 32).
Con ellos reímos, jugamos
“A mi papá no le gusta que tenga amigos. Y me regaña. Pero yo con ellos me siento a gusto y platicamos y jugamos, nos reímos, oímos música o nos vamos a dar la vuelta por allí. Lo que más me gusta de ellos es que me quieren mucho y me cuidan.” Ana Karen (Estudiante).
La alteridad es una relación con consenso. Pero no un consenso desde la perspectiva política del acuerdo y la negociación. No. Consenso en la connotación de con-sentimiento. Del estar con el Otro aunque no lo conozca pero en el devenir del re-conocimiento.
La escuela es deseo
Para mí el significado de la vida quiere decir amor, apoyo, querer hacer las cosas, tener retos, arriesgarse, saber levantarse, querer ser mejor cada día, aprender a caer porque del caer se aprende, porque sin riesgos es tonto decir ‘me arrepiento de no haber hecho’, siendo que en la vida se cometen errores pero es que de eso se hace la vida. Mi palabra favorita es comprensión porque siento que si tú comprendes ya no necesitarás pedir perdón. Para mi ir a sentarme a la escuela es deseo de aprender y estudiar. María Fernanda (Estudiante)
La “realidad” misma, en “tanto imposición inevitable de la presencia/ausencia del otro y de su disposición del objeto, se constituye como manifestación de la omnipotencia imaginaria del otro. Como tal, es evidente que no es ‘realidad’”, afirma Castoriadis (Cornelius Castoriadis. 1989. p. 229). Esto sucede en la escuela. El Otro, como alteridad, no existe en la disyuntiva impuesta que se da entre el profesor y alumno, entre el adulto y su Otro: el joven. La alteridad es estar con el Otro con fraternidad y humanismo. A la alteridad no le interesa lo hegemónico.


El amor sordomudo
Soy de las personas que piensan que en la vida todo tiene cierto nivel de impacto, especialmente el amor, y más especialmente el amor propio. Creo que la primera vez que me enamoré tenía aproximadamente 11 años y fue de un sordomudo. Su nombre era Luis y era una buena persona. Era mi amigo y además me gustaba. Yo vivo en una escuela y es allí donde lo conocí. Cuando se graduó, como todos los saben, lloré muchos días. Norma Angélica (Estudiante).
El imaginario hegemónico instituido en lo escolar es individualista y con el fin de administrar la educación. Los casos de alteridad son fragmentos que no constituyen una transformación del statuo quo. En el imaginario estudiantil no hay alteridad con el adulto. Hay diversidad de discursos. Uno de ellos es el identitario que excluye la alteridad, porque se impone la norma y la regla y, en general, una institución educativa con poder, de la microfísica del poder. No hay que olvidar que “la identidad excluye a la alteridad”( Cornelius Castoriadis. 1989: p. 225).
Identidad es poder. “Toda sociedad (como todo ser vivo o toda especie viva) instaura, crea su propio mundo en el que evidentemente ella está incluida. Toda sociedad es una construcción, una constitución, creación de un mundo, de su propio mundo. Su propia identidad no es otra cosa que ese sistema de interpretación, ese mundo que ella crea. Y esa es la razón por la cual la sociedad percibe como un peligro mortal todo ataque contra ese sistema de interpretación, lo percibe como un ataque contra su identidad, contra sí misma”( Cornelius Castoriadis. 1990: p. 69), argumenta Castoriadis.
Si existiese identidad y no identidades el manejo del conocimiento descriptivo deviene en control metodológicamente sistematizado. El poder no necesita identidades, porque en ellas no hay homogenización. El poder necesita una identidad, para matizar la semejanza y lograr descripción y clasificación. Tarea que se dificulta cuando en el accionar societal aparecen identidades, diversidades, expresiones, que más allá de ser manejables y caracterizadas para su codificación o estigmatización, mantienen en sí mismas el carácter de ser cambiables, de tener matices o tonalidades. Con identidades diversas se da una disputa de micropoderes. Los jóvenes en su ámbito escolar son ejemplo de ello.
La sociedad desde el imperio del poder “debe decir: los hombres, las mujeres, los que tienen entre dieciocho y veinte años, los que viven en tal aldea, opera necesariamente atendiendo a clases, relaciones, propiedades. Pero esta ‘igualdad’ segmentaria y lógica es compatible con las desigualdades sustantivas más agudas” (Cornelius Castoriadis. 1990: p. 139 ). El poder necesita saber para ordenar. Quiere una teoría que ordene “el conocimiento de los seres según la posibilidad de representarlos en un sistema de nombres”( Michel Foucault. 2001. p. 158).
En el mundo estudiantil hay disputa de poder porque buscan la identidad. Y se deshacen del poder cuando reconocen identidades. Pero, ¿cómo ven las identidades los jóvenes en su devenir escolar? En una escuela grafiteada la violencia en contra de los profesores es inmanente. En las instituciones escolares en las que no hay grafiti el régimen de vigilancia, castigo y aplicación de los dispositivos de poder marcan la disciplina del poder escolar.
Somos nosotros
Hay maestros y compañeros de la escuela que se creen mucho. Con mucho varo. Sienten que lo tienen todo. Que lo saben todo. Con otras compañeras nos identificamos. Sentimos solidaridad. Tienen las mismas condiciones socioculturales. “No estamos de acuerdo con los chavos que grafitean en los baños”. “Ni en la escuela, en los salones”. “Se ve feo”. “Conocemos a quien grafitea dentro de la escuela. Le dijimos: ‘No te pases’. Pero nos respondió: ‘Me vale’. Nos han dicho de espacios o talleres para graffiti. Pero ¿cómo van a creer que vamos a aceptar? Desconfiamos. Porque después nos pueden acusar de que somos nosotros los que rayamos las paredes. Sí grafiteamos, pero en el barrio. Erika (Estudiante)
A contracorriente del sistema disciplinario, el cosmos de los jóvenes escolares puede implicar apoyarse y “descubrir nuevas formas de solidaridad y de generosidad, motivos para vibrar juntos, para expresar estrepitosamente el placer de estar juntos o para, según una expresión tribal entre las jóvenes generaciones, pasárselas ‘de pelos’. Expresión que significa literalmente ‘estallarse’, resulta atinada, pues pone énfasis en el fin de la fuerte identidad individual”(Michel Maffesoli. 2002. p. 239 ).
¿Qué es para los jóvenes el estudio, la escuela, los exámenes, sus amigos, el reglamento, la sonrisa, la calificación, el adulto? ¿Qué son y cómo se ven entre ellos? ¿Cómo viven su alteridad?
Comentario final.
Desde luego que no tenemos las respuestas. Éstas se tienen que buscar/encontrar en la misma experiencia escolar, entre los protagonistas, en el ser/estar cotidiano de los jóvenes estudiantes y los representantes del poder pedagógico.
Y en la calle.
Y en todos los espacios donde ellos, los jóvenes que deambularon/aprendieron en el salón de clase, logran Ser sin las normas institucionales de la escuela. En su diversidad que re-construyen. En la no linealidad de sus expresiones y prácticas culturales.
Bibliografía
Baudrillard, Jean. El otro por sí mismo. Ed. Anagrama, 1997.
Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. V. 2. Ed. Tusquets.1989.
Castoriadis, Cornelius. Los dominios del hombre. Ed. Gedisa. 1990.
Foucault, Michel. Las palabras y las cosas. Ed. S. XXI. 2001.
Lévinas, Emmanuel. El Tiempo y el Otro. Ed. Paidós. 1993.
vMaffesoli, M. “Tribalismo posmoderno. De la identidad a las identificaciones”, en Aquiles Chihu Amparán. Sociología de la identidad. Ed. UAM-Iztapalapa. 2002.Meneses, Gerardo (Comp.) Más amor pedagógico. Ed. Lucerna Diogenis. 2010


Fuente: http://desinformemonos.org/2011/01/mas-amor-pedagogico/




19 de noviembre de 2009

Entrevista a François Bégaudeau


La pelicula "Entre le murs" se puede encontrar en nuestros "amigos" los piratas, ha sido traducida simplemente LA CLASE, no soy comentarista de cine, pero, creo que todo docente y filósofo, debe ver esta película por diversos motivos que ya se enterará cuando la vea.


Dejo una entrevista a François Bégaudeau, profesor, autor del libro, y protagonista de la pelicula "entre les murs".
La respuesta que Bégaudeau da a la pregunta ¿Cómo ve el oficio de enseñar? me parece una de las mejores respuestas sobre el asunto, no porque ponga fin al debate educativo, y con ello deba acabarse la reflexión; y no porque ese sea el único modo de enfocar la educación, pero si me parece un punto de vista digno de ser tomado en cuenta por ser las palabras de un profesor cuyas reflexiones se inician en la misma práctica educativa, y además,(debo confesarlo) porque me parece percibir una reminiscencia socrática en sus palabras.

"Enseñar no funciona nunca porque finalmente en la vida aprendemos solos. El profesor será feliz cuando renuncie a enseñar e intente simplemente dar a los alumnos un marco que les permita reflexionar, hacer trabajar sus ojos, sus orejas, su cerebro, y por qué no su cuerpo, su creatividad. Todos los países, o casi, atraviesan una crisis de la enseñanza porque rechazamos entrar en esta lógica. Puede ser utópico, y sin embargo es tan simple."

ELIANNE ROSPARÍS

UN MAESTRO CONVERTIDO EN ESCRITOR Y ACTOR 38 AÑOS NACIÓ EN LUÇON (FRANCIA) EL FILME SOBRE SU OBRA TRIUNFÓ EN CANNES

¿Qué le impulsó a escribir sobre su experiencia?

-Me pareció que la vida cotidiana de un profesor ofrecía un material excepcional para hacer un libro denso, divertido, trágico y sembrado de problemáticas contemporáneas.
-Y decidió hacer un diario.

-He tomado notas, a menudo de pequeños acontecimientos, de trozos de conversación, y después las he transformado en escenas. A continuación ha habido un trabajo de montaje para convertir el material de la vida en novela.

-¿Es una forma de soportar mejor una situación dura?

-No escribo para escapar a la realidad. Pero es cierto que con la literatura, las cosas más graves pueden transformarse en júbilo y que hay situaciones lamentables cuando se viven que pueden ser muy divertidas cuando se transforman en relato.

-Usted ha querido evitar la imagen del profesor estresado, mal pagado frente a unos alumnos malvados. ¿Es un cliché que le molesta?

-Sobretodo el de los alumnos malvados o problemáticos. He intentado ser fiel a la complejidad de la realidad, y la complejidad no autoriza la generalización. Los profesores efectivamente están mal pagados, pero todo el mundo lo sabe y no es una cuestión atractiva literariamente.

-Usted ha formado parte de un grupo de rock ¿Eso le dio las claves para conectar con los alumnos?

-Mis alumnos escuchaban muy poco rock. Incluso tenían tendencia a encontrarlo casposo. Sin embargo tiene en común con el rap que es una música física, en la que las palabras cuentan menos que el ritmo y las entonaciones.

-¿Su experiencia con adolescentes en una escuela de un barrio difícil le ha permitido entender mejor la revuelta de la banlieue del 2005 ?

-Hay que evitar la amalgama. He hecho un libro para reventar las generalidades, que son una verdadera enfermedad, sobretodo cuando se habla de la juventud. La literatura puede servir para esto: romper los clichés.

-¿Su clase es el reflejo de la sociedad francesa?

-Lo que es seguro, al margen del libro, es que es en las clases populares donde una sociedad muestra sus límites. La escuela ha sido concebida por las clases dominantes, por lo que los jóvenes procedentes de las capas populares a menudo no se sienten cómodos.

-Su libro ha vendido más de 200.000 ejemplares en Francia, se ha traducido a diferentes lenguas, ha inspirado una película premiada en Cannes... ¿Se ha sentido superado por el éxito?

-No es el éxito lo que me supera, son las lecciones políticas que todo el mundo quiere extraer.
-En la película usted interpreta su propio papel. ¿Ha descubierto su vocación de actor?

-No creo en la idea de la vocación, tanto para la literatura como para el resto. Porque me divierte y enriquece, continuaré escribiendo libros.
¿Cómo ve el oficio de enseñar?
-Enseñar no funciona nunca porque finalmente en la vida aprendemos solos. El profesor será feliz cuando renuncie a enseñar e intente simplemente dar a los alumnos un marco que les permita reflexionar, hacer trabajar sus ojos, sus orejas, su cerebro, y por qué no su cuerpo, su creatividad. Todos los países, o casi, atraviesan una crisis de la enseñanza porque rechazamos entrar en esta lógica. Puede ser utópico, y sin embargo es tan simple.


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15 de noviembre de 2009

FILOSOFIA Y COMICS

Aqui colgando este comics sobre Descartes, que llamó mi atención, me parece ingenioso y creativo. La relación entre la duda metódica en Descartes y el escape de la matrix.


Tamaño ampliado: http://2.bp.blogspot.com/_1SO0hIyxfzs/Ry18d09LrGI/AAAAAAAABeY/EiHQ_NAfRjE/s1600-h/Descartes+copia+copia.jpg

Fuente: http://luca-mendieta.blogspot.com/2007/11/las-dudas-de-descartes.html



30 de julio de 2009

A PROPÓSITO DE VALLEJO Y HEIDEGGER.



El poema de Cesar Vallejo pertenece al poemario Poemas en Prosas y a continuación lo transcribo:

No vive ya nadie…– No vive ya nadie en la casa ­–me dices–; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues, que todos han partido.
Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre. Ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, por que sus muros son de piedra y acero, pero no de hombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombres como una tumba. Da aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la según está tendida.
Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad। Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continua en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto.

La conferencia de Martin Heidegger se denomina “Construir Habitar Pensar” (“Bauen Wohnen Denken”) de la cual extraeré algunas ideas que abran caminos para reflexionar el poema citado y alguna ruta alterna de pensamiento.
Para Heidegger, lo propio del hombre, es el habitar। Habitar es el modo como son los mortales sobre la Tierra.


«El modo como tú eres y yo soy, la manera según la cual somos los hombres sobre la Tierra Es el Buan, el habitar। Ser hombre quiere decir: ser como mortal sobre la Tierra, quiere decir: habitar»
Este hecho que afirma Heidegger, se nos presenta de modo claro y distinto, pero es precisamente la claridad y distinción lo que vela el significado profundo de la afirmación de Heidegger.
¿Qué es el habitar?
La experiencia socrática nos ha enseñado a no desdeñar este tipo de preguntas, pues precisamente porque creemos saber ya lo que es habitar un acto tan cotidiano y habitual, y por ello, pienso que la pregunta misma es provocadora, pues denuncia nuestra posible ignorancia acerca de lo que es habitar, nuestro olvido de aquello que es lo propio del hombre, y a su vez, dicha pregunta busca ser un punto de partida। Pues no basta con afirmar que lo propio del hombre es el habitar, sino desentrañamos la esencia de este habitar
A continuación examinemos el poema de Vallejo:
– No vive ya nadie en la casa ­–me dices–; todos se han ido। La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues, que todos han partido.
El poeta repite lo dicho por su interlocutor, lo dado es simplemente una casa deshabitada, lo visible a los ojos, es la ausencia de los habitantes y una casa solitaria, pues todos han partido।

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda। El punto por donde pasó un hombre. Ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado.
Pero el poeta contempla lo dado, dicha casa solitaria, de manera distinta, desde el ámbito de lo humano, el poeta sabe que toda verdadera ausencia, es signo de una presencia, que la soledad humana, es ausencia de una presencia। Y que un lugar es aquel donde el hombre habita. Un lugar solitario, no es aquel donde la presencia de los hombres se hizo manifiesta, sino que la soledad de las cosas, si es que cabe hablar de una soledad de las cosas, reside en la ausencia de la relación con lo humano.
Las casas nuevas están más muertas que las viejas, por que sus muros son de piedra y acero, pero no de hombres। Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla.

Lo propio de una casa, del hogar no es lo que llamaríamos su causa material, es decir, los elementos utilizados para su construcción, sino su habitabilidad। Lo propio de una casa es ser habitada por hombres, por ello una casa viene al mundo cuando los hombres la habitan. Según Heidegger construir es ya habitar, y el habitar se despliega como construir que cuida, y en el construir que edifica construcciones; por ello una casa nueva no habitada es una casa fría y muerta, en cambio una casa vieja, que ha sido habitada por los hombres, conserva aquella calidez propia del habitar humano.

Una casa vive únicamente de hombres como una tumba। Da aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la según está tendida.

La muerte del hombre según el poeta se halla en relación a la tumba, siguiendo las ideas del filósofo podríamos decir que la muerte trae consigo el fin del habitar, el habitar por lo tanto es un tránsito; por otro lado, la vida en cambio se halla en relación con el mundo, con el habitar humano.

El habitar en toda su amplitud, se nos muestra tan pronto como pensemos que el ser-hombre descansa en el habitar y, ciertamente, en el sentido de la morada de los mortales sobre la Tierra.

Heidegger entiende que el habitar solo es posible en relación a las cosas y esto implica la protección de lo que denomina lo cuadrante [das Geviert], que según su decir, corresponde a la originaria unidad entre Tierra y Cielo, los Divinos y los Mortales. El hombre habita “sobre la Tierra” quiere decir ya “bajo el Cielo”. Ambos mientan también, “permanecer ante los divinos” e incluye un “perteneciendo a la comunidad de los hombres”.

«El habitar protege lo cuadrante, llevando su esencia a las cosas. Mas, las cosas mismas albergan lo cuadrante, sólo si y cuando ellas mismas en cuanto cosas son dejadas en su esencia».

«Pero el rasgo fundamental del habitar es el proteger. Los mortales habitan de manera que ellos protegen lo cuadrante en su esencia. Según eso, el proteger es cuádruple».


El habitar la Tierra implica salvar la tierra, pero salvar significa propiamente: liberar algo en su propia esencia; el habitar la Tierra no es hacer de ella un medio de explotación, como hace el sistema vigente:

«Salvar a la tierra es más que sacarle provecho, o pues, trabajarla excesivamente। El salvar a la tierra, no domina a la Tierra y no hace esclava a la Tierra, de donde sólo hay un paso hasta la explotación sin límites.
Heidegger continúa diciendo:

«Los mortales habitan en cuanto acogen al Cielo en cuanto Cielo। Dejan su curso al Sol y a la Luna, su ruta a las estrellas, a las estaciones del año su bendecir y su inclemencia, no convierten la noche en día y el día en fatiga llena de ajetreos.»

Con respecto a los divinos y los mortales Heidegger nos dice:

Los mortales habitan en cuanto esperan a los divinos en cuanto divinos। Esperando mantienen contrapuesto a ellos, lo inesperado. Aguardan la señal de su llegada y no desconocen los indicios de su falta. No se hacen sus dioses y no practican culto de ídolos. En la desgracia esperan aún la gracia retraida.
Los mortales habitan en cuanto que a su propia esencia, que es tener el poder de la muerte en cuanto muerte, la conducen hacia el uso de ese poder para que sea una buena muerte। Los mortales guiados hacia la esencia de la muerte no significan, de ningún modo, poner como meta la muerte en cuanto vacía nada; tampoco mienta el entenebrecer el habitar por medio de un ciego poner la vista en el fin.

Heidegger nos dice: En el salvar la Tierra, en el acoger al Cielo, en el Esperar a los divinos, en el guiar de los Mortales, se acontece el habitar en cuanto cuádruple proteger de lo cuadrante.
La reflexión de Heidegger concluye señalando un camino, que él ha transitado, y hasta el cual él nos ha acompañado concluirá diciéndonos
La autentica penuria del habitar no consiste ante todo en que falten habitaciones (…) , la auténtica penuria del habitar estriba en que los mortales tendrían ante todo que buscar nuevamente la esencia del habitar, en que ellos tendrían que aprender ante todo a habitar


Pero, ¿de qué otra manera podrían los mortales corresponder a ese aliento que intentando ellos por su parte, por sí mismos, llevar el habitar a la plenitud de su esencia? Realizan eso si construyen por el habitar y piensan para el habitar।


El poeta ha visto en la ausencia de una casa deshabitada, la presencia de los habitantes, de las acciones de los hombres que la habitaron, ha señalado la relación entre la vida y la muerte, entre la casa y la tumba, el filósofo nos ha dicho que el habitar es lo propio del hombre, y aún así, los hombres, habitamos este mundo sin ser conscientes de ello, quizá en realidad solo sobrevivamos en este mundo y no lo habitemos; los hombres, o los mortales, tendrán que aprender ante todo a habitar el mundo।

Los hombres deberán aprender entonces a “salvar la Tierra”, acoger al Cielo, esperar a los divinos y guiar de los Mortales। Nuestro habitar se halla imposibilitado por el olvido y el descuido de lo cuadrante [das Geviert], por la destrucción y depredación de la Tierra, por la saturación y la aceleración de nuestro ritmo de vida, por el olvido de lo sagrado y lo espiritual. Buscamos restablecer el habitar auténtico entre los hombres; la realización de lo político, la búsqueda de una sociedad mejor; pero dejamos de lado, los tres elementos anteriores. La presente reflexión busca introducir; el habitar dentro del ámbito de lo digno-de-ser-preguntado y de lo digno-de-ser-pensado.

14 de septiembre de 2008

¿Qué es una fiesta?

Ubi caritas gaudet, ibi est festivitas
«Donde el amor se alegra, ahí hay una fiesta»
(Crisóstomo)


El texto que presento a continuación corresponde a Josef Pieper, quien realiza una reflexión sobre: la fiesta. Pieper lleva al lector a la comprensión del significado de una fiesta desde una perspectiva que engloba una visión tradicional del mundo, tradicional no en el sentido de algo pasado que ha sido superado, sino en el sentido primigenio, es cierto, el sistema capitalista ha destruido, ha deformado y alterado todas las hechos o formas vitales del ser humano actual, la visión economicista del mundo, de los seres humanos y sus relaciones sociales, ha destruido lazos vitales y espirituales.


* * *

Un impaciente diría: ¡Vamos! ¿No sabe ya todo el mundo lo que es una fiesta?. Y no le faltaría algo de razón al hablar así. «Yo solamente lo sé mientras nadie me lo pregunte; en cuanto intento explicárselo a alguien que me interroga, ya no lo sé.» Esta frase de las Confesiones de Agustín expresa con exactitud nuestra dificultad, aunque en su contexto propio no se refiera al concepto de fiesta. Se trata de formular en palabras precisas lo que todos sabemos ya y damos a entender en nuestro lenguaje común. Hoy en día somos «interrogados» con insistencia no sólo acerca de lo que es una fiesta, sino aún más sobre los prerrequisitos humanos de su realización.

«Lo difícil no es celebrar una fiesta, sino encontrar quienes se alegren con ella.» El hombre que hace ya casi un siglo anotaba esta idea era Friedrich Nietzsche; lo genial en él reside, como una vez más se pone aquí de relieve, en una extremada sensibilidad para lo que se revela de modo encubierto. La frase citada significa que la fiesta se halla en vías de hacerse imposible, pues resulta bien claro que no por «poderse celebrar» ya se convierte una fiesta en fiesta.

Pero «celebrar una fiesta» ¿no es lo mismo que «concederse un día bueno»?. Y ¿no lo entendemos todos así?. Todos también debemos estar dispuestos a responder a otra serie de preguntas algo más profundas: ¿Qué es «un día bueno»?; ¿existe tal cosa?; ¿no será acaso el día de trabajo el único «día bueno»?.

Nadie puede dar una respuesta a esas preguntas sin una concepción precisa del hombre. Lo que está sobre el tapete es la consumación de la existencia humana y en qué forma ha de realizarse. Es inevitable, pues, que entre en juego la idea que uno tiene del «último destino» del hombre, llámese «vida eterna», «bienaventuranza», «paraíso», etc. Como bien sabemos, nuestra tradición designa este fin supremo y consumación de la existencia humana por el nombre de visio beatifica, «visión beatífica» o, en otras palabras, «contemplación dichosa». Ello quiere decir que el grado más alto a que puede llegar nuestra existencia, la perfección pura y simple de nuestro hacer vital, la satisfacción definitiva de todo deseo y la participación sin reservas en la plenitud de vida adoptan la forma de visión; o, por expresarlo más exactamente, que todo eso se realiza en la percepción contemplativa de la causa primera y divina del mundo.

Por lo demás, la tradición general a este respecto se remonta a épocas mucho más lejanas que las del cristianismo e incluso, con bastante probabilidad, a tiempos prehistóricos. Algunas generaciones antes de Platón, el griego Anaxágoras respondía así a quienes le preguntaban para qué había nacido: «Para contemplar.» En el Banquete platónico, Diotima se expresa en palabras bien claras acerca del concepto de visión beatífica: «Si la vida vale para el hombre la pena de ser vivida, es porque puede contemplar la belleza divina y, de esta suerte, alcanzar la inmortalidad».

Mas no se trata aquí únicamente de escatología, no sólo se dice algo sobre la plenitud final de la existencia «en el más allá». Se habla también, al propio tiempo, del hombre corporal e histórico, afirmando que por naturaleza aspira a ver, encontrando en ello su reposo. También en su existencia terrena la suprema felicidad humana adquiere la forma de visión, de contemplación. «Preferimos ver a toda otra cosa.» Así reza una de las primeras sentencias de la Metafísica de Aristóteles. Y Pierre Teilhard de Chardin se sitúa en la misma tradición cuando, en su memorable y sorprendente prólogo al libro El fenómeno humano, que lleva por título Ver, declara que toda la vida viene a contenerse en la visión y que toda la historia del cosmos se reduce a «la elaboración de ojos cada vez más perfectos».

De ahí debemos concluir que en el concepto de fiesta entra por necesidad algún elemento de contemplación. Ésta no se entiende como esfuerzo de una mente argumentadora, sino como «simple mirar» de la razón; no como inquietud del pensamiento, sino como descanso de la vista interior en aquello que se le descubre. Aquí se relaja la tensión de una mirada sin la cual no es posible lograr nada práctico. El campo visual se amplía, desaparece la preocupación por el éxito o fracaso de nuestro obrar y el alma se toma hacia su objeto infinito, percibiendo el grandioso horizonte de la realidad, que nunca podrá recorrer por entero.

La pura diversión, el «jaleo», no hace la fiesta; en cambio puede muy bien echarla a perder. Esto no significa, ni mucho menos, que la fiesta sea sólo contemplación y recogimiento, lo cual iría en contra de toda nuestra experiencia. A pesar de ello, nos mantenemos firmes en la convicción de que, para celebrar genuinamente una fiesta, es preciso sazonarla con esta particular especia: una actitud de espera, con los ojos bien abiertos para mirar a través y, por decirlo así, «al otro lado» de lo que a ellos se ofrece de modo inmediato aun en lo propiamente «festivo» de la celebración; un espacio de reflexión silenciosa en lo más hondo de uno mismo, para poder «oír».

La oposición entre día festivo y día laborable o, por mejor decir, el concepto de «día de descanso» nos aporta algunos datos más sobre la esencia de la fiesta. Ese descanso no es solamente una pausa «neutral» que vendría a insertarse como un eslabón en la cadena del tiempo de trabajo. Representa también una «pérdida» de productividad. Cuando asentimos al reposo de un día festivo y lo llevamos a efecto, renunciamos al rendimiento de una jornada de trabajo. Y precisamente esta renuncia se ha considerado siempre como un elemento esencial de la fiesta. Un determinado lapso de tiempo útil pasa a ser, según lo entendía la antigua Roma, «propiedad exclusiva de los dioses». Al igual que se separa del rebaño una res para destinarla al sacrificio, se entresaca un espacio de tiempo disponible sustrayéndolo a todo «aprovechamiento». Así, este descanso denota no sólo cesación del trabajo, sino también ofrenda de una parte de la productividad. No se da en él una mera ausencia de provecho; es algo parecido a un sacrificio y, por tanto, lo más opuesto que cabe imaginar a toda noción de provecho. En esto último se nos revela de manera inopinada un nuevo aspecto del día festivo: la fiesta es esencialmente un fenómeno de riqueza; no de dinero, sino de una riqueza existencial. A su idiosincrasia pertenece el no contar ni calcular, y aun el derroche.

Por supuesto, se echa de ver aquí también el peligro de que la fiesta degenere en una insensata y excesiva disipación del producto del trabajo, por ejemplo cuando se dilapida y malgasta en un solo día lo ganado con esfuerzo durante todo el año. Se trata de algo bien real, como ya sabemos. Con razón puede decirse que en cada fiesta hay «por lo menos un germen de exceso». Pero definir la fiesta como le paroxysme de la société, como inmersión en el caos «creador», es no acertar el núcleo de la cuestión.

Esto es válido de todos modos; el dominio exclusivo de una mente calculadora o comercial imposibilita no sólo cualquier desbordamiento, sino la fiesta misma. Las formas de ostentación que se dan en el mundo del trabajo están calculadas y, por ello, nada tienen de festivo. La plétora de luces que adornan nuestros comercios en época de Navidad no deja de ser, en definitiva, un lujo mezquino, sin verdadero «brillo». Aquí viene bien a cuento el certero comentario de G.K. Chesterton a propósito de los anuncios luminosos de Times Square, en la nocturna Nueva York: «¡Qué cosa tan magnífica para quien tuviera la suerte de no saber leer!».

Naturalmente, tampoco puede uno pensar que haya que realizar todo acto de renuncia y ofrenda, por decirlo así al tuntún. Al fin y al cabo, la expresión «tiempo precioso», cuando nos referimos al tiempo de trabajo, no es un vano formalismo, sino algo en extremo significativo. ¿Cómo, pues, se le puede ocurrir a alguien sacrificar sin una razón bien plausible eso que le es precioso?. Si profundizamos un poco en los motivos de tal conducta, nos sorprenderá el descubrimiento de una notable analogía con el otro aspecto del descanso, el aspecto contemplativo de que antes hablábamos. Así como el logro de la contemplación, por ser ésta visión de lo que se ama, presupone cierto vínculo no sólo intelectual sino directamente existencial con la realidad, una armonía íntima del hombre con el mundo y consigo mismo, así también el acto de la libre ofrenda únicamente puede esperarse si a su vez brota de una conformidad radical con la creación visible, asentimiento difícil de designar, como ya decíamos, por otro nombre que el de «amor». Nadie renuncia a algo si no es por amor.

Nuestra alérgica sensibilidad a las palabras grandilocuentes nos impide, quizá referirnos a la fiesta como a un «día de regocijo» o «de alegría». Sin embargo, no le llevaríamos la contraria a quien, en términos más modestos, la calificara al menos de «cosa halagüeña». Una fiesta es, en efecto, un día en que los hombres se alegran. Ahora bien, la alegría es algo subordinado, secundario. La apetencia de alegría no es más que el deseo de tener motivo y ocasión para alegrarse. Ese motivo, si existe, viene antes que la alegría y es distinto de ella. El motivo es lo primero, la alegría lo segundo. Aunque el motivo para alegrarse revista un sinnúmero de formas concretas, en el fondo es siempre el mismo: que uno recibe o posee lo que ama, ya de una manera real, ya esperada o evocada. La alegría es amor exteriorizado. Quien nada ni a nadie ama no puede alegrarse de veras, por desesperadamente que lo ansíe. La alegría resulta de que a alguien que ama le toca en suerte la cosa o persona amada. La estructura interna de la auténtica fiesta aparece formulada del modo más claro y conciso en esta incomparable sentencia del Crisóstomo:
Ubi caritas gaudet, ibi est festivitas, «Donde el amor se alegra, ahí hay una fiesta». Ahondando todavía un poco más en el tema, podemos preguntarnos cuál habrá de ser exactamente la índole de ese motivo que posibilita la alegría de la fiesta y, por tanto, la propia fiesta. Caeríamos en un necio simplismo pretendiendo que meras «ideas» puedan dar pie a la celebración de una verdadera fiesta. Para ello se necesita algo más: al que la celebra, a él mismo, debe acontecerle algo real. Ni siquiera la idea de la libertad apasionaría por sí sola a los hombres hasta el punto de incitarles a celebrar una fiesta. Más bien lo lograría el hecho concreto de ser liberado, con tal que ese suceso, si sucedió hace tiempo, tenga una actualidad real en el día de la fiesta. Lo pasado no puede festejarse a menos que la conciencia existencial de la colectividad que lo celebra se sienta así de algún modo ennoblecida y realzada, no en una pura reflexión histórica, sino en virtud de una realidad que continúa influyendo históricamente. Si la encarnación de Dios deja de entenderse como acontecimiento que interviene de modo directo e inmediato en la existencia presente del hombre, en esa medida será imposible y aun absurdo festejar la navidad.

Josef Andreas Jungmann declaraba no hace mucho que la fiesta como institución es algo derivado, mientras que su «forma original» se da en la celebración inmediata de un suceso concreto; nacimiento, boda, regreso, etc. Mas ¿podría de veras festejar el nacimiento de un niño quien estuviera de acuerdo con Jean-Paul Sartre en que «es absurdo que nazcamos...»?. El que en serio piense que «todo nuestro ser es algo que haría mejor en no ser» no está en condiciones de «celebrar» ningún nacimiento como tampoco un cumpleaños, ni a los cincuenta ni a los setenta, ni el suyo propio ni el de otros. Así pues, no basta por sí solo un «suceso concreto» para motivar una fiesta, a no ser que... Sí, en este «a no ser que...» está la clave.

Ello nos remite de nuevo a ese «fundamento de los fundamentos» en virtud del cual los «sucesos concretos» (nacer, casarse, regresar...) se experimentan como recepción de algo que se ama y sin el cual no hay ni alegría ni fiesta. Tal es también la opinión de Nietzsche, expresada con toda claridad y «forjada en el dolor», es decir, como fruto de terribles experiencias íntimas donde la desesperación de no poder «alegrarse suficientemente de nada» le resultaba tan familiar como «el decir a todo "sí" y "amén"». La formulación definitiva de este pensamiento se encuentra en sus notas póstumas: «Para alegrarse de algo es preciso aprobarlo todo».

Cualquier alegría festiva nacida de un hecho concreto se basa necesariamente en una aprobación universal, un asentimiento al mundo en bloque, tanto a la realidad de las cosas como a la existencia misma del hombre. Éste no puede experimentar el gozo particular de la posesión de lo amado si el mundo entero y la existencia como tal no son para él también algo «bueno» y «digno de amor».

¿Será necesario recalcar que la aprobación de que aquí hablamos tiene muy poco que ver con un optimismo de fachada o aun con la apacible acogida de puros hechos?. No debemos entenderla como si procediera de una abstracción de lo que hay de negativo en el mundo; más bien sería oportuno decir que lo serio de esa aprobación radica precisamente en su enfrentamiento con el mal histórico. Su carácter es tal que puede llegar a exigir el martirio, llevado hasta la suprema reducción al silencio bajo la férula de un poder asesino. Al interpretar teológicamente el Apocalipsis se ha dicho que lo específico del mártir cristiano es que de sus labios no brota ni una sola palabra en contra de la creación divina; pese a lo que le sucede, encuentra «muy bueno» todo lo existente; por tanto, es aún capaz de alegrarse y, en lo que de él depende, de celebrar una fiesta. Quien al contrario, por bien que le vayan las cosas, niega su aprobación a la realidad como tal, no conoce ni lo uno ni lo otro. Para este hombre no hay fiesta posible. Y cuanto más dinero posea o, sobre todo, de más tiempo libre disponga, tanto mayor será su desesperación ante esa imposibilidad. La fiesta vive de la afirmación. Si solemnidades como un funeral, el día de difuntos o el viernes santo pueden considerarse como fiestas, es por la certeza íntima de que el mundo y
la existencia en conjunto están en equilibrio. Si faltara un «consuelo», el concepto de «celebrar
funerales» sería contradictorio y absurdo en sí mismo. Y ¿qué es el consuelo sino una forma de alegría, eso sí, la más silenciosa?.

Ha llegado el momento, creemos, de corregir la equiparación que suele hacerse de los conceptos «festivo» y «alegre». Sigue siendo cierto que la fiesta sólo adquiere su auténtico carácter cuando el hombre sanciona con su alegría la bondad del ser. Quizá en ninguna ocasión se nos manifieste esa bondad tan claramente y con fuerza tan emotiva como en el brusco trastorno que experimentamos ante una pérdida o una muerte. No de otro modo se entiende el famoso dístico de Hölderlin (a propósito de la Antígona de Sófocles): «Muchos intentaron en vano decir con alegría lo más alegre / Y por fin a mí se me declara, aquí mismo, en el dolor».

No es pues de extrañar que resulte arduo reconocer ambas cosas, la conformidad y disconformidad con lo existente, tanto a los ojos del observador externo romo, acaso también, a los de la propia conciencia.